Estudiar ¿si paga?

Al final la Universidad Tecnológica reconoció con diploma de excelencia académica y la máxima beca “Jorge Roa Martínez”, los méritos de su estudiante David Esteban Ardila Nieto, quien se graduó como uno de los escasos 4,7 sobre cinco de ingeniero Mecatrónico. El joven emprendió su carrera por etapas y culminó exitosamente su formación como tecnólogo en esta especialidad, para finalmente acceder con iguales méritos a Ingeniero.
Inicialmente a la Universidad le costó trabajo creerle. Le negó en repetidas ocasiones el logro de una matrícula de honor ganada en franca lid con promedio 4,8 durante su formación en el pregrado, pero los recursos de sus acudientes llevaron el caso al Consejo Superior, en donde hubo la Universidad de modificar su actitud férrea frente a la interpretación del Manual de Convivencia. No por toda la carrera, sino apenas en el último semestre.
En todos los escenarios un estudiante de la tecnológica es igual. Pero a la hora de concederle el derecho a unos vales de transporte, en los buses de la institución o en convenios con el transporte público de pasajeros que facilitan el acceso de estudiantes desde lugares muy distantes, hubo duda pues cursó sus estudios en la nocturna, en carrera que figura como “jornada especial”. El hermanito de él, de mismo estrato y condiciones económicas del acudiente, pagó en el día $220.000 por semestre, mientras a David le tocó buscarse crédito de Icetex para financiar en nocturna $1.500.000 que le liquidaron como matrícula por semestre. ¡Igualdad! La Beca Roa Martínez que finalmente se otorga por la excelencia académica no toca en absoluto el pregrado: servirá para la especialización y eso, por supuesto, no es despreciable.
“Los funcionarios públicos y agentes del Estado o hasta administradores de estas instituciones, pregonan con mucha alegría que todos tienen los mismos derechos y ofrecen verbalmente beneficios, pero a la hora de entregarlos, se llenan de motivos para negarlos”, dice el padre de David, quien es diplomado de la UTP en Ciencias del Deporte.
Lo peor es que se niega a estudiantes como el que aquí se destaca, los derechos dados por normas y programas del gobierno, con la financiación de los créditos para la educación superior. “Yo vi en el Señal Colombia al Presidente de la República alentando a un grupo de niños, para que estudien con mucho juicio y poder ganarse la condonación de sus créditos educativos con ejemplar rendimiento académico. Esos estudiantes sobresalientes se lo ganan y deberían cumplirles”, dijo Orlando Giraldo Mejía bibliotecario en la Ramón Correa de Pereira.
“En verdad estos estudiantes, como David Ardila, son quizá el 5% de los estudiantes de la Universidad Tecnológica y merecen atención condigna con su condición académica y su situación económica”, dijo Oscar Arango Gaviria, sociólogo docente de la UTP.
Pero Jeimmy Viviana Muñoz Árias en nombre del Icetex es de las funcionarias colombianas que se llenan de argumentos y motivos para negarlo todo. En una carta llena de citas de numerales y parágrafos, manda a buscar las pruebas para una cosa tan simple, como haber logrado un promedio de calificaciones por encima del promedio, de 4,7 sobre cinco. No la convence como demostración de la excelencia académica y se rebusca formalidades para decir que un estudiante de estos no merece la condonación de crédito por esa sola causa. Según esta, apenas por muerte o invalidez se puede obtener el beneficio. Si se quieren proteger de castigos administrativos, ¿por qué no responden claramente que necesitan y esperan tutela, para proceder?
Sin embargo, con medidas como el decreto 2636 de 2012 el Estado acoge la posibilidad de que un estudiante sea beneficiario de esa condonación, por varias vías, más allá de haberse ganado la lotería de un buen puntaje en el pinochazo de las Pruebas Saber Pro (antes pruebas Ecaes) y haber demostrado permanencia, disciplina y cubierto en el tiempo reglamentario, su carrera tal como ocurrió en este caso. Pero a nadie puede escapar la posibilidad de que lo mismo ocurra para casos de estudiantes en otras áreas, como la de nuestro interés en la Comunicación Social y el Periodismo que también se pagan con créditos educativos. Y donde no es extraño que se presente casos de estudiantes aventajados y excelentes, que merecerían mucho más que un certificado, un diploma, una matrícula de honor o una foto de pose con Presidente de la República y director o directora de ICETEX.

Funcionarios así, son los incrédulos que no reconocerán milagros y quienes más que ofrecer el dedo, le meten la mano entera a la boca de los ingenuos aspirantes a superar sus propias limitaciones sociales, económicas, que no intelectuales. Demuestran que son buenos y NO SE PUEDE! En verdad: ¿estudiar si paga?