El manejo de los Medios de Comunicación al conflicto Armado

Los medios de comunicación han sido utilizados desde su creación para informar a la población, ya sea local, regional, nacional o internacional, acerca del acontecer de los pueblos. Así mismo, estos “instrumentos informáticos” por divulgar las noticias de interés, han adquirido una enorme preponderancia a lo largo de los años. Como muestra de ello a la prensa se le denomina, en numerosas ocasiones, como el Cuarto Poder.

Sin embargo, este dominio mediático sobre los ciudadanos puede responder a intereses personales, estatales o empresariales; dando por resultado que no se pronuncie la voz de los moradores por medio del espectro electromagnético, ni mucho menos se publique la realidad de familias colombianas.

El Cuarto Poder funciona según quien lo utilice, y es por ello que la tesis de este ensayo se basa en el manejo que le dan los medios al conflicto armado, un flagelo que desde hace más de 50 años arremete contra la vida de centenares de colombianos.

Cinco. Es el número de intentos fallidos para la consolidación de los procesos de Paz. Desde Betancourt hasta Andrés Pastrana, se obtuvo la desmovilización del M – 19 y el EPL, un escandaloso proceso 8.000 que desdibujó el paso a la paz, y una silla vacía en el Gaguán.

Después del proceso de paz adelantado por Pastrana y que trajo consigo la burla por parte del secretariado de las Farc al gobierno, Colombia y sus habitantes estaban decepcionados.

El pensamiento pacifista se disolvió, y en gran parte gracias a los interrogantes que en los medios de comunicación se planteaban, ¿Qué piensa usted del conflicto?, ¿Cuál es la solución?, ¿De qué lado está?, ¿Habrá paz?

Esta incertidumbre que se manejó durante este periodo proporcionaba a los colombianos una incredulidad con respecto a los diálogos venideros.

Si en veces anteriores se había recurrido a este método y nunca había dado resultado, de seguro era porque ese no era la alternativa para conseguir el fin planeado; muchos colombianos pensaron así por la falacia que había representado los acercamientos con los grupos al margen de la ley por la vía del dialogo.

Por lo tanto, empezó a resonar en las mentes de muchos que para conseguir la tan anhelada paz antes tenía que haber guerra. Una guerra agudizada, profundizada y obstinada contra los insurrectos.

Al término del periodo de gobierno de Pastrana, comenzaba a visualizarse los candidatos a la presidencia de Colombia, que tendrían nada más y nada menos la difícil tarea de dar respuesta si algún día en Colombia existiría la Paz. Poco a poco surgieron las alocuciones de los aspirantes y “si algo caracterizó el clima de opinión electoral en las elecciones presidenciales de 2002 fue la cristalización de una agenda de opinión, cuyo protagonismo no solo recayó en el reconocimiento de que el país estaba en guerra, sino en los valores de autoridad, personalidad, capacidad y honestidad como consideraciones de primera fila para la elección del nuevo presidente de la nación[1]”. Además los medios de comunicación mostraban frecuentemente “las encuestas de opinión [que] jugaron un papel importante en la medida en que encuadraron la campaña presidencial alrededor de un debate basado en las dicotomías “guerra” o “paz”, y en los valores “autoridad” o “debilidad”, como variables decisivas para la decisión electoral[2]”.

Solo una voz se pronunciaba con firmeza, prometía lo que la gran mayoría quería escuchar: SOLUCIONES. La salida que proponía el candidato Álvaro Uribe Vélez desde el principio hasta el final de la campaña fue “mano dura a los terroristas”. Este Antioqueño creía sólidamente que implementado una seguridad democrática, capaz de proporcionar tranquilidad en las calles de Colombia y reducir el efecto de los atentados ejecutados por la guerrilla, traería paz a la nación.

Es por eso que el 26 de mayo de 2002 Álvaro Uribe ganaría las elecciones con un total de 5.862.655 votos. Desde ese día el tema de las agendas nacionales convergían en torno al tema del conflicto, de las políticas que se iban a implementar y de mostrar todo los pronunciamientos por parte del Gobierno. Se empezó a conjeturar “la política del cara-a-cara —el contacto con el líder—, con una presencia cada vez más avasalladora en los medios de comunicación, cuyas agendas informativas y géneros del entretenimiento parecen rebosarse de una visibilidad mediática presidencial que llegó para quedarse[3]”. Cada uno de los movimientos que realizaría el gobierno era registrado de forma precisa por los medios, parecía una afirmación constante de que lo que estaba haciendo la actual administración era lo correcto, porque así lo mostraba tanto la televisión, la radio, la prensa, y desde ese entonces la internet.

Después de terminados los ocho años de gobierno de Uribe aunque el desarrollo de su plan, el cual era proteger por medio de las armas el país, lo llevó a cabo, los resultados no se acercaron a lo esperado. Las Farc no habían sido derrotadas, y cada día más se titulaba en la prensa los nuevos ataques contra la población civil. Apareció el nuevo presidente de Colombia, un ex ministro de Defensa y conocedor de cerca del Conflicto: Juan Manuel Santos. El actual presidente desde su elección lanzaba indirectas con respecto a la paz, pero el 27 de Agosto de 2012 manifestó abiertamente estar trabajando en la mesa de negociación entre el gobierno y las Farc. De inmediato designó a sus representantes, entre los cuales se encuentra Humberto de la Calle, quien ha expresado públicamente que con este proceso de paz no se cometerá el mismo error que en ocasiones pasadas. Los medios de comunicación no serán usados para la injerencia u opinión con respecto a los aspectos en los que se esté progresando. La finalidad de este proceso, en palabras de él, es que sea lo más conciso y eficaz posible; y para ello es necesario el uso de la discreción, como herramienta para evitar la retórica y el sensacionalismo.

Empero, aún con las precauciones del gobierno, en los medios siguen existiendo espacios en donde la incredulidad reina, y aunque se siga paso a paso los detalles de la posible materialización de un sueño utópico, un nuevo cuestionamiento surge ¿cómo participará la sociedad civil que ha sido la directamente afectada por los guerrilleros?